Los problemas de la administración del siglo XX eran la eficiencia y la escala, y la solución era la burocracia con su estructura jerárquica, metas en cascada (corto, mediano y largo plazo), definiciones precisas de funciones y procedimientos sofisticados. Lo que se impone hoy son estructuras más horizontales, equipos creativos, innovación, transparencia y confianza para hacer frente a los nuevos tiempos de grandes cambios y reestructuraciones.
Porque los gerentes siguen estudiando las mejores prácticas para hacer mejor lo que ya está hecho; aunque, en los actuales entornos volátiles –donde los cambios son más rápidos, dañinos e impredecibles– deberían estar dedicados, contra el tiempo, a inventar nuevas estrategias y nuevos modelos de gestión.